Revista Magnesia

Pasión por la gimnasia

Sangre foránea para impulsar la gimnasia española

23/oct/2015
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Rayderley Zapata, Roxana Popa y María Paula Vargas aportan sus raíces dominicanas, rumanas y venezolanas a las selecciones de artística que competirán en los Mundiales de Glasgow

 

El trabajo del seleccionador de artística en España se equipara al de los recolectores de setas en verano. «En España siempre pecamos de lo mismo: falta de gente haciendo gimnasia. En los últimos campeonatos hacíamos fila con Rumanía, que tenía 14 atletas, en Alemania contaban con dos equipos y nosotros estamos justitos. Es el problema. Eso da menos cantidad y menos calidad», explica Fernando Siscar, el técnico del equipo masculino. Sin embargo, en los últimos tiempos la tarea se ha facilitado gracias a la inmigración que ha nutrido España de más jóvenes en distintas disciplinas. «Ahora hay que ir cogiendo lo que tenemos y suerte es que hay mucha variación», abunda Lucía Guisado, entrenadora del equipo femenino que debuta este viernes en los Mundiales de Glasgow. Así, en el conjunto masculino destaca Rayderley Zapata (Santo Domingo, República Dominicana, 26 de mayo de 1993), medalla de oro en la especialidad de suelo en los ejercicios de Bakú, y en el femenino Roxana Popa (Costanza, Rumanía, 2 de junio de 1997) y María Paula Vargas (Valencia, Venezuela, 13 de octubre de 1993), dos talentos frenados por las lesiones.

 

Curiosamente, el punto en común de los tres atletas se encuentra durante su infancia en la necesidad de sus padres de canalizar sus energías. «Si no fuera por la gimnasia no sé qué habría hecho mi madre conmigo. Me hubiera tirado por la ventana y gritado ‘vete a correr al parque’», reconoce Popa. «Me metieron en la gimnasia porque era un mono. Mis padres pensaron: ‘Si se cae, que se caiga en blandito’», cuenta con tono jocoso Vargas. «Hubiera sido imposible en República Dominicana que me dedicara a la gimnasia. Allí estaba bastante loco. Siempre estoy a mi bola, pero allí bastante más. En Canarias mis amigos me decían que no me apuntara, que era de mariquitas, pero yo quería hacer mortales, saltar y hacer el cabra», se suelta Zapata para secundar la idea de que la disciplina de las rutinas y ejercicios encauza sus instintos.

 

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